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Cambio climático.

By on 29 junio, 2018
El proyecto Foreccsa implementó medidas para contrarrestar los efectos adversos de este problema y garantizar la seguridad alimentaria en 238 comunidades del país. El ministro del Ambiente, Tarsicio Granizo, expresó que buscarán un nuevo financiamiento para desarrollar la segunda parte.

Un total de 1.230 familias ubicadas en las zonas secas de Azuay cuentan con agua de riego, en 3.093 chacras se implementaron prácticas agroecológicas y 33 fuentes de agua son protegidas. Estos números son parte de los resultados de la implementación del primer proyecto nacional que busca adaptarse a los cambios climáticos, desarrollado durante cuatro años.

La clausura de este proyecto fue ayer, en los patios del Centro Interamericano de Artesanía y Artes Populares, CIDAP. Participaron  representantes de 238 comunidades y autoridades de 50 parroquias del país.

El proyecto ‘Fortalecimiento de la Resiliencia de las Comunidades ante los Efectos Adversos del Cambio Climático con énfasis en Seguridad Alimentaria en la cuenca del río Jubones y la provincia del Pichincha’, Foreccsa, inició en el año 2011.

En Azuay, el proyecto se desarrolló en 19 parroquias de Oña, Nabón, Girón, San Fernando, Santa Isabel, Pucará y Cuenca.
En estas localidades se identificaron como principales amenazas climáticas las sequías y heladas. Para enfrentarlas se aplicaron medidas de adaptación, como el mejoramiento de sistemas de agua potable, manejo tecnificado de huertos agroecológicos con riego por aspersión e implementación de sistemas de alerta climática.

Además, el proyecto Foreccsa contaba con otras estrategias que debían adecuarse según las necesidades de la gente, explicó Javier Rojas, gerente general del proyecto Forecssa.

Estas eran: manejo de abonos orgánicos para retención de la humedad en el suelo, crianza de animales menores como fuente de proteína; fomento de silvo-pasturas para la creación de microclimas; fomento de semillas resistentes a la sequía; protección de fuentes de agua; seguridad alimentaria, planificación y presupuestos.

Emma Reinoso, de la comunidad de Casadel, de Nabón, comentó que con el proyecto renovaron los cultivos. “Antes, solo sembrábamos maíz, ahora tenemos huertos de hortalizas con frutales”, agregó. Rosa Puchaicela, otra moradora; destacó que este proyecto les incentivó a volver a producir alimentos que cultivaban sus padres y abuelos.

Uno de los anuncios que animó a los presentes  fue que el Ministerio del Ambiente continuará con la negociación para una nueva fase del proyecto.
El ministro del Ambiente, Tarsicio Granizo, expresó que están interesados en aplicar este proyecto  en todo el territorio nacional, por los resultados que se consiguieron.

“En el Ecuador,  tenemos un panorama desalentador”, agregó el ministro y subrayó que el 50 por ciento de los suelos productivos están en proceso de degradación y el 20 por ciento desertificados.

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