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Comité preserva, desde hace dos décadas, el ecosistema hídrico mediante rigurosos cuidados técnicos

By on 21 diciembre, 2018
Catalina Díaz, secretaria técnica del Comité de Conservación, acompaña a Antonio Borrero Vega, gerente de Elecaustro, en una visita al páramo.

Desde el sector de la Compañía, aguas arriba con dirección a las cumbres, emerge un paisaje verde con atmósfera de páramo: es la cuenca Alta del Río Machángara. Siguiendo por un camino de tierra, marginal al río, y otros conexos, hay un conjunto de reservorios y represas que almacenan agua. Con ella se produce agua potable para Cuenca, electricidad para todo el país y líquido para irrigar tierras de cultivo que dan productos orgánicos.

Agua y naturaleza se aprovechan. A más de 3.500 metros de altitud están las represas: El Labrado, que almacena 6,5 millones de metros cúbicos de agua, llegada del río Chulco y afluentes menores; y, Chanlud, guarda 17 millones de metros cúbicos de agua, llegada de las nacientes del Machángara.

Esta agua se conduce a un reservorio en el punto Tuñi, de allí se la lleva por canales y tuberías y se la deja caer. La fuerza de caída el agua se aprovecha para mover las turbinas que accionan generadores de energía en la Central Hidroeléctrica Saucay, de la Empresa Electrogeradora del Austro (Elecaustro).

Esta central puede generar 24 megavatios de energía eléctrica. Mas abajo, las aguas se almacenan en un reservorio, en Dutasay, de donde, con un procedimiento similar, se llevan hasta la hidroeléctrica Saymirín, donde se genera hasta 15,5 megavatios de energía.

Elecaustro, a cargo de estas centrales, desde ellas envía y vende energía eléctrica a las empresas distribuidoras del país. A su vez, el agua que ha pasado por las turbinas de la central Saymirín se deriva a la planta potabilizadora de la empresa municipal ETAPA EP, en Tixán. De esta planta depende el consumo de gran parte de la población.

Además, una parte de las aguas que salen de Saymirín, y sin afectar al río, se llevan para los sistemas de riego de Machángara y Ricaurte, con aproximadamente unos 2.000 usuarios cada uno, explicó Antonio Borrero Vega, gerente de Elecaustro.

La empresa está a cargo de la generación eléctrica, pero también del cuidado ambiental de la cuenca del río Machángara, en coordinación con otros actores que han formado una alianza, el Comité de Conservación de la cuenca del Machángara, con un objetivo común: quieren preservar el ecosistema hídrico mediante el cuidado del recurso con intervenciones técnicas “para un ambiente limpio, sano, libre de contaminación” y han unido su contingente con el fin de cuidar este espacio de vida y naturaleza.

A esto se dedican, desde hace 20 años, Elecaustro, la Secretaría Nacional del Agua (Senagua), ETAPA EP, los ministerios del Ambiente y de Agricultura, la Universidad de Cuenca; y, como protagonistas especiales, los integrantes de la Junta de Riego y Drenaje, moradores de la zona ocupados en labores agropecuarias.

Al efecto, la gestión de una cuenca hidrográfica implica a actores públicos y privados “en trabajo coordinado, en favor de la conservación del recurso hídrico desde un trabajo con la comunidad. El trabajo en red potencia las capacidades”, señala Catalina Díaz, secretaria técnica del Comité y agrónoma al servicio de ETAPA, en promoción de labor agrocomunitaria. (AVB)-(I)

CARBÓN ORGÁNICO PARA CULTIVOS

En la preservación de la cuenca del Machángara la participación de los habitantes de la zona, en su mayoría dedicados a actividades agropecuarias se considera clave. De una huerta experimental y de las suyas propias fructifican productos orgánicos como rábano, col, acelga, zanahorias…. Pero también han aprendido ha hacer vinos de frutas combinadas: manzana y membrillo, y aun yogures de manzana y tomate de árbol.

Blanca Agudo y algunos de sus vecinos participan de este programa, con apoyo de Elecaustro y ETAPA EP, compartiendo sus conocimientos ancestrales y los técnicos aportados por la agrónoma Catalina Díaz, han aprendido técnicas de producción orgánica. Por ejemplo, a combatir las plagas con variar las especies que se siembran en las líneas de cultivos de las parcelas.

Ahora están trabajando con una nueva técnica para abonar los cultivos: la obtención de carbón orgánico, según la propuesta de Eliana Arévalo, tesista de Ingeniería Ambiental, de la Universidad Politécnica Salesiana.

Consiste en quemar las sículas (hojas) del pino, sin oxígeno. Se consigue rellenando con hojas secas de pino un tanque de metal al que se cierra herméticamente y se lo introduce en un tanque más grande lleno de madera que se quema, por 24 horas. Cuidan la técnica porque de lo contrario el producto seria ceniza y esa no sirve. Tienen también manejo de ganado y cuyes. (AVB)-(I)

MÁS DETALLES

– Tras aportar a las centrales Saucay-Saymirín, el agua se devuelve: a la planta potabilizadora de ETAPA EP, 2.000 litros por segundo; 1.000 litros para riego y 2.000 al río, para cuidar su caudal ecológico.

– Con propietarios de predios al margen del río se ha negociado se retiren unos metros a fin poner cercas y sembrar especies nativas, “filtros ecológicos” que impiden que contaminantes lleguen al agua.

– Cada 15 días, los agroproductores de la cuenca del Machángara ofertan sus artículos en el edificio de Elecaustro (Av. 12 de Abril y José Peralta, esquina). La próxima oferta será el viernes 28 de este mes.

MUSEO DE LA ENERGÍA

En la Central Hidroeléctrica Arturo Salazar Orrego, de Saymrín, construida entre los años 1952 y 1956 por la ya desaparecida Empresa Eléctrica Miraflores, hay dos turbinas de generación, de fabricación alemana, fuera de servicio.

Aquí se ha habilitado un Museo de la Energía donde se puede apreciar cómo funcionan las turbinas, de “Tipo Pelton” y “Francis”, que mueven los generadores eléctricos de “eje vertical” y “eje horizontal”.

La energía eléctrica pasa a las subestestaciones contiguas, donde los transformadores elevan la tensión y tramiten la energía a través de las redes, para todo el país, según las regulaciones del Centro Nacional de Control de Energía. Cuando fue construida, esta central generaba un total de 6,4 megavatios.

A la entrada está un cartel de “Veni” que es un venado elegido como mascota de la empresa y también maquetas, muchas maquetas hechas por escolares, con material reciclado, fruto de un concurso anual que promueve la empresa Elecaustro para incentivarles al cuidado del medio ambiente.

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