Sostenibilidad Turismo

Guayaquil Oeste

By on 3 octubre, 2018

Guayaquil siempre tuvo sitios de esparcimiento. Uno de los más importantes fue el estero Salado, según lo relata el historiador José Antonio Gómez Iturralde en su libro Crónicas, Relatos y Estampas de Guayaquil, tomo 4.

El cronista cuenta que fue en 1840 cuando el entonces gobernador de Guayaquil, Vicente Rocafuerte, decidió ampliar la avenida 9 de Octubre hasta donde hoy está el puente 5 de Junio para que los guayaquileños pudieran disfrutar de una playa artificial que había sido formada con cascajo junto al estero Salado.

Más de un siglo después, parte de este sector se ha convertido en una ruta turística llamada Guayaquil Oeste, cuya promotora es Carol Villao de Hamaca Tropical Tours. La entusiasta guía invitó a Alice Goy-Billaud y Bryan Dávila, dos de sus amigos para mostrarles sus atractivos.

Para Joseph Garzozi, exdirector de Turismo del municipio de Guayaquil, rutas como estas ayudan a promocionar la ciudad y además dependen mucho de la creatividad del operador, pero cree que aún es necesario que la ciudad se exponga a nivel internacional y atraer más líneas aéreas y empresas de cruceros así como desarrollar el turismo con países vecinos como Colombia y Perú por vía terrestre.

El primer punto es el Mirador Cerro Paraíso en Bellavista. Desde allí se puede admirar el oeste de la ciudad y disfrutar del paisaje que brindan árboles como los ceibos, palo santo, entre otros que están en el entorno. También se puede ver Urdesa y una vista panorámica de la ciudad.

Bryan Dávila está sorprendido porque antes no conocía este lugar y creía que era de acceso limitado o privado. “La vista es maravillosa, desde hace cinco años vivo en Guayaquil y todavía no tenía muy claro cómo están distribuidas las zonas”. Vino por estudios desde Bolívar (Guaranda) y aquel lunes 24 de septiembre se encontró con sus amigos Víctor Zabala y Doménica Ramírez quienes también habían decidido visitar el mirador.

Son casi las cinco de la tarde y el grupo avanza hacia Urdesa, a la calle Guayacanes donde Villao les explica que allí se ha asentado una comunidad de libaneses y que este sector tiene la mayor parte de locales de shawarmas. Para la francesa Alice Goy-Billaud, quien vive hace cuatro años en Guayaquil, la ciudadela Urdesa no es un territorio nuevo porque cuando recién llegó al puerto vivió un tiempo allí. Lo que sí es una novedad para Alice es la explicación de la guía sobre cómo se creó Urdesa, así como su nombre que viene de la constructora Urbanizadora del Salado y quienes fueron sus primeros habitantes más la historia que les cuenta la guía sobre la avenida principal llamada Víctor Emilio Estrada en honor a uno de los exalcaldes de Guayaquil y que reúne una serie de restaurantes que ofrecen desde comida japonesa hasta italiana. “Me faltaba la historia, de cómo se creó, cuál era la primera casa”, confesó Alice quien por eso decidió unirse al tour para aprender más de la ciudad que dice amar profundamente.

Se hace tarde y llegan al puente Zig zag llamado también Paseo de la Juventud que está rodeado por el estero Salado. Este es uno de los sitios preferidos de Alice quien recuerda que hasta hace poco, antes de los trabajos que se realizan en el lugar por lo que será Guayarte, recorría el lugar en bicicleta. En el puente se observa a ciclistas y a un costado el brazo de mar sobre el cual entrenan remeros que participan en canotaje. Atardece y el sol se oculta y es tiempo de avanzar hacia el Malecón del Salado.

En la entrada del lado del puente El Velero que conecta con el puente 5 de junio hay un vitral que recuerda la leyenda de los indios huancavilcas Guayas y Quil, y a un costado varios locales ofrecen platos preparados a base de mariscos. Villao camina hacia el Paseo de los Escritores recordando a los poetas que conformaron Los cinco del Grupo de Guayaquil: Joaquín Gallegos Lara, José de la Cuadra, Demetrio Aguilera Malta, Enrique Gil Gilbert y Alfredo Pareja Diezcanseco quienes retrataban en sus escritos la vida del montuvio y el cholo de la costa.

Hacia el lugar camina Emilio Torres Vega, estudiante de 21 años. Se detiene y comienza a leer fragmentos de las obras de los escritores así como un poco de la biografía de los poetas y admite que aunque siempre había frecuentado la zona esa área en particular no la conocía. “Todo el mundo debería conocerlo, es algo que no me enseñaron en el colegio, vine a saberlo de adulto en paseos como este y cosas que nos cuentan los mayores” .

Cerca de esta zona también está la escultura denominada “Cómo pez en el agua” que recuerda la hazaña de Carlos Luis y Abel Gilbert Váscones, Luis Alcívar Elizalde y Ricardo Planas Villegas, los cuatro nadadores ecuatorianos que lograron el campeonato sudamericano de natación en Lima, Perú en 1938, bajo condiciones extraordinarias ante equipos que tenían una mejor preparación e incluso más integrantes.

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