Educación

Quedar rezagados para los próximos seis meses o un año mantiene preocupado al grupo que sumaría unos 800 estudiantes de medicina

By on 18 marzo, 2019

 

Las plazas de internado, un escollo de futuros médicos

El grupo de la promoción 135 se dirigió a la Casona Universitaria donde se reunió la junta consultiva, el jueves pasado.

Carlos Paz y Víctor Alcívar, ambos estudiantes del último semestre de Medicina de la Universidad de Guayaquil, tuvieron problemas en dos de las seis materias cursadas.

En Ginecología no tuvieron clases las primeras dos semanas al quedarse sin docente y en Obstetricia, el profesor abandonó la cátedra a poco tiempo de terminar el primer parcial.

En ambas asignaturas, dos profesores nuevos les dieron clases el resto del semestre, pero apenas este mes les subieron al sistema las notas del primer parcial (de diciembre) junto con la del segundo rendido a inicios de este mes.

Ambos casos se dieron por problemas administrativos de la universidad. Según ellos, eso ha sido recurrente en sus cinco años de estudios, que ahora suman otra preocupación: el número de plazas disponibles para el internado rotativo.

Al menos la mitad de 1.613 estudiantes de la carrera de Medicina que deben ingresar al internado se quedaría sin una plaza en la red de hospitales del Ministerio de Salud (MSP).

Según el rector e interventor, Roberto Paissailague, las autoridades trabajan en buscar una solución. Este problema se originó en 2017 cuando la anterior administración no consideró que este año coincidía el fin académico de dos cohortes: la promoción semestral 135 y la promoción anual 136.

Ello motivó que este año se duplique la necesidad de cupos para la U. de Guayaquil que con un año de anticipación debe remitir al Ministerio de Salud el número de plazas necesarias.

Para los estudiantes de la universidad –que está intervenida por segunda vez en cinco años–, esta situación se pudo prever si había una buena gestión administrativa en 2017. “No han hecho una planificación para este momento, las dos promociones chocan ahora”, lamenta Paz.

Estos meses, el tema de las plazas ha motivado que jóvenes como Paz, Darío Nevárez, Roxanna Carrillo, Manuel Alcívar, María López, Geovanna Villavicencio, Valeria Córdova y más tomen acciones propias, incluyendo plantones para captar la atención de las autoridades.

Paz y Villavicencio relatan que han consultado en el decanato y ante la falta de certezas asistieron a cada hospital para saber la cifra exacta de plazas.

Tras ello, el grupo decidió recurrir a la Defensoría del Pueblo para que se les diga de una vez la disponibilidad de cupos de internado. Allí, siguen un proceso que este lunes 18 tiene una nueva audiencia con las entidades involucradas, entre esos la Universidad y el Ministerio.

“Si se llega a quedar una promoción y se dan las plazas que nos han dicho (solo 800) esto se va a hacer como una bolita de nieve porque nos toparemos con la promoción que sigue”, agrega Paz, con malestar.

Quedar rezagados para los próximos seis meses o un año mantiene preocupado al grupo que sumaría unos 800 estudiantes rezagados, dice Nevárez. Ellos se lamentan ya que cuando hicieron el preuniversitario esperaron más de medio año para empezar el primer semestre y si quedan rezagados probablemente tendrán que aguardar más de ese lapso.

«Hemos afrontado distintos problemas, cambios de horarios, mala planificación; nos sentimos desgastados. Sí o sí queremos hacer el internado, nos sentimos disgustados por la falta de planificación”, Darío Nevárez, estudiante de Medicina.

Villavicencio y Córdova desconocen qué harán con los sitios donde alquilan suites y departamentos, puesto que ellas son de otras provincias y arriendan aquí. “Siquiera la mitad somos de otras provincias”, dice preocupada Córdova quien como otros compañeros temen cómo costearán el alquiler de los sitios donde viven.

También el grupo cree que no van a poder avanzar en sus tesis, ya que el tema de estudio debe guardar relación con lo observado en el internado.

Por ello exhortan al Gobierno para que vele por sus derechos y se pueda recurrir a todas las instancias posibles para no quedar rezagados y no se siga postergando su graduación. Para cubrir las 800 plazas rezagadas se necesitarían unos $ 7 millones, calculó el rector.

A más de este asunto, los estudiantes cuentan que los problemas han acompañado su vida estudiantil. En sus clases han recurrido al alquiler de proyectores por $ 5 la hora, pelearse por disponibilidad de aulas, andar atrás de profesores o secretarias para el registro de sus notas y hasta sortearse entre dos grupos a un profesor.

“Quienes velan por los estudiantes son los mismos estudiantes, siempre hemos sentido el abandono por las autoridades”, lamenta Villavicencio. Los estudiantes prevén poner una acción de protección.

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